jueves, 15 de diciembre de 2011

Pimer contacto (V)

V ¡Corre!
Anochece y aún no ha llegado.

La conmoción, y la pierna herida, le han hecho perder mucho tiempo.

En la lontananza se distinguen los primeros tejados. Los cadáveres, como viejos amigos, están de nuevo ahí para recibirle. Ahora, sin embargo, ya no tiene dudas de qué fue lo que les pasó.

Debe darse prisa y encontrar refugio: si lo atrapan en campo abierto, puede darse por muerto.

Quizás ocultándose en el sótano de alguna una de las casas...

El sol desaparece tras las colinas cuando consigue llegar a la plaza del pueblo. Le parece recordar que el Saloon tenía una trampilla de acceso al sótano en uno de los laterales, y hacia allí dirige sus pasos exhaustos.

De repente, en la oscuridad, un breve fulgor amarillo. Unos ojos parecen materializarse en la negrura. Arrastrándose lentamente entre las destrozadas puertas del Saloon aparece la criatura: la misma que los esperaba en el camino la noche anterior.

Avanza despacio, deteniéndose a menos de cinco pasos de él: sabe que no tiene nada que temer del aterrorizado humano que la contempla preso de la desesperación.

Si no fuera una locura, diría que sus ojos (todos ellos) refulgen con malévolo regocijo. De nuevo, sin prisa, echa la cabeza atrás, desencajando la mandíbula de esa horrible forma...

Un fogonazo blanco rompe la noche en el campanario de la iglesia.

¡BLAM!

Un terrible estampido y la cabeza de la cosa desaparece en un borrón de restos sanguinolentos.

“¡Eh, tú!” - grita una voz, una voz humana, desde el interior del campanario. “Aquí, rápido. Aunque ese bastardo no haya podido lanzar su aullido, los otros no tardarán en llegar.”

“¡CORRE!”.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Primer contacto (IV)

IV Primer contacto

La criatura apareció en mitad del camino, sentada sobre los cuartos traseros con cierto aire de  desidia, como si estuviese aburrida de llevar todo el día esperándoles.

En un principio pensaron que era un coyote, o un perro con sarna: flaco y con la piel cubierta de costras y retales de pelo. Sin embargo, el intenso brillo fosforescente de sus ojos, exageradamente grandes y de un macilento color amarillo, era como un faro en la creciente oscuridad.

Resultaba... antinatural.

Cuando se acercaron un poco más, pudieron comprobar que no sólo el color de los ojos era extraño, sino también el número: al menos una docena de globos oculares más pequeños salpicaban caprichosamente la parte superior de su cabeza, girando enloquecidos en todas direcciones, mientras los enormes pozos amarillos seguían fijos en la columna de jinetes que avanzaba hacia él.

Justo cuando el teniente levantaba el rifle para disparar sobre la criatura, ésta apuntó el hocico a las estrellas y abrió la boca... no, abrir no era la palabra adecuada...desencajó la mandíbula de tal manera que la parte inferior pareció tocar el polvoriento camino... y aulló.

Un sonido enervante, agudo y primitivo escapó de entre sus fauces, desencadenando el caos.

Los hombres se taparon los oídos, soltando las riendas. Los caballos se encabritaron, lanzando a muchos de ellos al suelo. Algunos, los más afortunados, murieron con el cuello roto en aquellos primeros segundos...

El resto, en un abrir y cerrar de ojos estaban rodeados por decenas de pequeñas figuras humanoides, negras como la pez, que desgarraban, cortaban, arrancaban, despedazaban... todo en un absoluto y aterrador silencio. Una quietud sobrenatural envolvía a los pequeños carniceros mientras realizaban su trabajo con precisión de cirujano.

Si no fuera por los desesperados gritos de los hombres y los relinchos de terror de los caballos, hubiera sido como estar viendo la proyección de una linterna mágica.

Algunos tuvieron tiempo de sacar las armas y disparar, pero parecía que las balas no podían detener a los atacantes: atravesaban sus extraños y retorcidos cuerpecillos sin dejar ni una sola señal.

Lo último que recordaba era el relincho aterrorizado de su caballo mientras una de las criaturas lo abría en canal, y cómo éste caía, arrastrándolo bajo él.

Eso, y la sangre.

Había tanta sangre...

martes, 15 de noviembre de 2011

Primer contacto (III)

III: Collage


Cuando llegaron, no tenían ni idea de qué demonios había ocurrido en el pueblo.

Sólo los cadáveres les dieron la bienvenida, diseminados a lo largo del camino: hombres, mujeres, niños y animales mezclados en un macabro collage que salpicaba el paisaje aquí y allá.

Algunos hombres lloraron. Otros perdieron el control de los esfínteres. Nadie fue capaz de articular palabra.

Una vez en el pueblo, y con los ánimos algo más calmados, el teniente Summers los dividió en parejas y los mandó a inspeccionar las casas.

Entre un sinfín de macabros hallazgos, fueron incapaces de localizar a ningún superviviente.

Hasta los propios edificios parecían mutilados, ultrajados.

Sólo uno parecía haber escapado a la furia homicida de lo que fuese que había arrasado el pueblo: la Iglesia se mantenía incólume en mitad de la plaza del pueblo, con sus puertas dobles abiertas de par en par en un grito de mudo horror ante las atrocidades de las que había sido testigo.

Después llegó la niebla.

Cuando empezó a caer la tarde, una espesa bruma que pareció surgir de la nada empezó a reptar entre las calles del pueblo, llenándolo todo con un sutil pero desagradable aroma a azufre.
Cansados, asqueados y con los nervios a flor de piel emprendieron el camino de vuelta, dejando atrás Santa Catalina envuelta en su maloliente sudario.

Ni un sólo sonido fue capaz de romper el silencio que flotaba sobre la columna  hundiéndolos en las sillas, tan denso y pesado como la niebla que dejaban atrás.

Hasta que oyeron el aullido, claro.

Y entonces se desencadenó el infierno.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Primer contacto (II)

II: El pueblo

Santa Catalina. Ese era el nombre.

Apenas un gargajo en el desierto.

Poco más 200 almas malvivían en una treintena de casuchas de adobe encaladas, que se apiñaban en torno a una vieja iglesia como buscando la absolución por los pecados cometidos. Porque algo habían tenido que hacer para ir a parar a semejante estercolero.

Eso fue antes de la mina de plata, claro.

Al poco de de abrirse, el pueblo empezó a florecer: casas nuevas, tiendas y, justo enfrente de la vieja iglesia, un Saloon con su piano, sus putas, sus jugadores de ventaja...

Incluso había quién decía que se estaba planeando traer el ferrocarril desde El Paso: el progreso había llegado a Santa Catalina.

Cuando los envíos de plata dejaron de llegar, el gobierno de la Unión mandó a un par de Rangers a investigar.

No habían vuelto a saber de ellos, y fue entonces cuando se decidió enviar a una columna de caballería: se temía que hubiese habido un nuevo levantamiento indio en la zona.

50 hombres buenos, la flor y nata del ejército de la Unión.

Eso fue hace menos de 30 horas.

Sólo él había sobrevivido.

jueves, 27 de octubre de 2011

Primer contacto (I)

I: El superviviente

Aturdido, mira la sangre que le cubre.

Le lleva un tiempo descubrir que la mayor parte no es suya.

Gimiendo por el esfuerzo y el dolor, empieza a arrastrarse hasta que consigue salir de debajo del cuerpo despanzurrado del caballo, contemplando con la mirada perdida el desolador paisaje a su alrededor: restos de hombres y animales yacen esparcidos hasta donde alcanza la vista.

Y la sangre.

Toda esa sangre... No tenía ni idea de que un ser humano podía contener tanta sangre, ni que podía salpicar tanto y tan lejos. Por no hablar de un caballo.

Nota cómo la bilis se acumula en su garganta, y se inclina para vomitar.

“50” - piensa - ”Éramos 50 cuando llegamos...” -

¿Realmente habían pasado sólo unas horas?

Busca a tientas su rifle reglamentario entre las alforjas. El peso del Winchester entre las manos le hace sentirse algo mejor.

Luego,usando el arma como muleta improvisada, empieza a andar, arrastrando la pierna destrozada.

El pueblo estaba al norte, recuerda, no muy lejos. Quizás allí tenga una oportunidad.

martes, 30 de agosto de 2011

Nigel


La luz dorada del amanecer se derramaba lentamente sobre el encalado pueblo, como miel sobre una rebanada de pan blanco. Las calles, que hasta hace poco estaban mudas, comenzaban a preñarse de sonidos, los sonidos de una nueva jornada desperezándose. Los sonidos de un nuevo día en “Oniria”, el reino de los sueños.

Nigel bebía lentamente, acodado en una vieja mesa de madera de uno de tantos balcones blancos que daban a la rugiente costa, mirando ceñudo el embravecido mar. Se llevaba el vaso a los labios metódicamente, paladeando cada sorbo. Al alcance de la mano había una botella medio vacía de “licor de mil lágrimas”, la bebida más amarga conocida.

Con cada sorbo del ambarino líquido sus ojos se sumían cada vez más en un pozo de triste anhelo, su respiración se hacía más lenta y su pulso se espaciaba, confiriéndole al solitario bebedor el aspecto de una vieja estatua.

A su espalda la plaza se llenaba de risas, gritos y gentío. Una escultural chica medio desnuda caminaba resuelta por el suelo empedrado, seguida de cerca por el joven adolescente que la había evocado en su temprano sueño. El mundo humano dormía con la llegada de la noche y Oniria despertaba, dando cita a soñadores y sueños.

Las blancas fachadas reflejaban el sol inundándolo todo de luz así que Nigel, con los ojos entornados, se caló el ajado sombrero negro de ala ancha y se puso unas lentes ahumadas redondas. El licor de mil lágrimas comenzaba a embriagarle y a lastrar su alma con tristes recuerdos; el estado perfecto para ir a cazar.

Se levantó de la silla de mimbre y su largo gabán aleteó dejando al descubierto entre sus pliegues una enorme espada; “Vigilia”.  Apuró de un trago su vaso, se ciñó el abrigo y comenzó a andar en dirección a las negras montañas que se recortaban al norte, donde moran aquellos sueños oscuros, opresivos y malvados. ¿Quién sería el desdichado que se cruzaría en su camino? ¿Quizá un hombre del saco, con su predilección por los niños pequeños?¿Un señor de los riscos que hacen caer a los soñadores desde espeluznantes alturas? ¿O quizá sería un pobre diablo como los ladrones de prendas, que hacen aparecer a sus víctimas desnudas ante la concurrencia? A Nigel le traía sin cuidado. Fuera el sueño que fuera, lo reduciría a jirones con su espada desterrándolo al olvido.

Las pesadillas también tienen sus propios terrores nocturnos, miedos moldeados con la forma de un hombre enjuto y enlutado que esgrime una letal hoja. Se dice que cuando Nigel sueña, las pesadillas tiemblan…ahora está en Oniria y viene a cazar.


sábado, 20 de agosto de 2011

Regreso a casa II

El joven guardia le devolvió las riendas de su corcel.
La dama monto y espero a su escolta. El joven guardia se coloco al lado derecho de la dama mientras otros tres guardias la rodeaban.
  • Señora, seremos su escolta hasta que el Ministro tome la decisión sobre su condición legal.
  • Gracias, ¿ Podemos entrar ya?
  • Claro, Abran las puerta internas.
Al cruzar la muralla, los viejos sonidos, la invadieron.
El olor a canela de la calle de lo panaderos, el ruido de las maquinas de coser de la calle de las modistas.
El callejón donde tantas veces se besaron, escondidos riendo.
La taberna donde se bebieron toda la reserva del vino de Quez.
Pero sus recuerdos melancólicos no le taparon la realidad de la ciudad, las calles con el firme defectuoso, locales cerrados en calles principales y menos ruido en el mercado.

Al doblar la esquina se encontró con su casa y un grito de asombro rugió de su garganta.
  • ¿Que demonios? ¿ Que le ha pasado a mi casa? ¿ Donde esta mis criados? ¿ Que es ese precinto?
  • Bueno, vera señora, la casa esta precintada para evitar el pillaje y para informar de su destierro.
  • Eso lo entiendo, pero por que no hay postigos en mis ventanas, por que parte de mi ajuar se pudre en mi fuente y me imagino, que ese circulo negro, en la selva que antes era mi jardín, es de una hoguera.
  • ¿Puedo ser sincero, señora?
  • Por favor, contesto ella con ojos de desaparición sin entender nada. Esa es la casa de mis antepasados, hay o mejor dicho había cosas no solo de gran valor material si no de gran valor sentimental para mi.
  • Puedo imaginarlo, lo que yo se, por que lo viví en primera persona es que cuando usted se marcho el emperador vino en persona a su casa a buscarla. Los criado logicamente le dejaron entrar y le dijeron que no estaba y que no sabían de su paradero. El emperador venía a veces a su casa, sus criados le atendían y el se marchaba. Y claro estas visitas llegaron a oídos de la emperatriz. Esta, aprovecho un viaje de caza del señor, para invadir su casa. Expulso a los criados y monto un fiesta loca con su corte de lameculos. Las llamas iluminaron el cielo toda la noche mientras se escuchaban risas histéricas.
    El emperador volvió cuando ellos seguían aquí. Mando expulsar a todo el mundo, mando recoger los objetos que no habían destrozado y los guardo. Puso guardias en la reja para evitar más destrozos. La bronca entre ellos duro semanas. Al final vuestra casa fue precintada y se prohibió su entrada bajo pena de muerte y también se decreto su destierro.
  • ¿Asi que lo que ha sobrevivido de mis pertenencias, recuerdos, etc esta en palacio?
  • Creo que si.
  • Y ¿ que ha sido de mis criados?
  • No lo se
  • Gracias por la información. Haz lo que tengas que hacer. Yo voy a entrar evaluar los daños, preparar un informe para el Ministro, por que el gasto que voy a tener que hacer en restaurar mi casa, lo va a pagar El o Ella me da igual.
Al joven guardia,  una helada gota de sudor le recorrió la espalda, hasta ahora la dama había sido una encantadora señora, ahora le daba miedo.

viernes, 22 de julio de 2011

En una guerra, no hay amigos, todo el mundo es tu enemigo, ese es el truco para sobrevivir.

Ese era el mantra que mi abuelo me repetía una y otra vez cuando contaba batallitas. La educación, las normas de urbanidad, se pierden cuando se pega el primer tiro. Nuestro cerebro se vuelve primitivo y solo somos primates intentando que nos maten.

El dinero es papel mojado, joyas, oro, arte, eso es lo que se debe guardar, gane quien gane una guerra, eso siempre tiene valor.

Este consejo es de mi abuela.

Paseo por las salas repletas de sabanas blancas, compruebo que todas las salidas están bloqueadas, nadie puede entrar. Bajo a la sala de control, los generadores solares sigues funcionando al 100%, la humedad es óptima.

Oigo el sonido lejano de los tiros, la linea de batalla estaba en las afueras de la ciudad y los defensores de la ciudad han decidido que es mejor usar la ciudad como parte de las trincheras, ahora es una guerra de guerrillas.

Subo a la azotea, me meto en el mirador, compruebo que tengo todo lo que necesito.

Miro por la mira, y disparo. Un bum y un pof uno menos.

Arte y sobrevivir, esas palabras resuenan en mi mente, busco otro objetivo.

jueves, 30 de junio de 2011

Profecías


El castillo estaba sumido en el más absoluto silencio y sus habitantes dormían a la hora del buey. Sólo los samuráis de guardia se mantenían alerta, recorriendo con aire marcial los jardines y escudriñando las profundas sombras cercanas a los posibles puntos de entrada.

Hayako se encontraba agazapada junto al tronco de un viejo pino desde donde podía observar a los centinelas sin delatar su posición. Por enésima vez palpó sus ropas e hizo un concienzudo inventario de herramientas y armas. Siempre le había irritado aquella pueril diferenciación pues, para alguien versado en el ninjutsu, una espada podía ser un eficaz estribo para trepar y una inofensiva cuerda se podía esgrimir como un arma letal.

La chica alzó sus ojos hacia el cielo y frunció el ceño. Sus conocimientos de “tenmon” le indicaban que pronto el viento soplaría con fuerza y arrastraría los espesos nubarrones que cubrían la luna llena. La pálida luz acentuaría las sombras donde podría ocultarse pero también la convertiría en un objetivo más visible en espacios abiertos. Aun tenía que cubrir una enorme distancia a través del expuesto jardín antes de llegar a la pared oeste del castillo. Definitivamente no era buena idea hacer ese tramo bajo la luz de la luna. Debía apresurarse.

Avanzaba rápidamente sin despegar los pies del suelo, cruzando y descruzando las piernas de forma lateral en un paso conocido como “yoko-aruki”. De esta forma su cuerpo estaba menos expuesto y no hacía crujir las hojas que alfombraban el suelo.

Se encontró finalmente ante la pared de adobe y piedra y se dispuso a trepar. Con gesto decidido introdujo la vaina de su espada en una de las múltiples grietas, comprobó su firmeza y se encaramó de pie sobre el improvisado escalón. Sus diestras manos se aferraron a un asidero, tomó impulso y ganó un metro más. Llevaba atada a la pierna una fina tira de cuerda cuyo otro extremo estaba sujeto a la vaina. Qué útil era el “sageo” en esos casos. Dio un suave tirón y recuperó la espada para repetir el proceso.

Se disponía a continuar su ascenso cuando divisó a un samurai dirigiéndose a su posición. Aún no estaba lo suficientemente arriba y su figura destacaba demasiado contra las piedras claras así que el guerrero la descubriría con toda seguridad. ¡No!, no podía fallar. El daimyo debía morir esa noche. Era la misión que el “jonin”, el jefe de su clan, le había encomendado. Introdujo con premura una mano entre los pliegues de su kimono y sacó un pequeño objeto circular.

La incipiente luz de la luna arrancó destellos de la moneda de un “zeni” cuando la ninja la sostuvo en alto. Con gesto decidido la arrojó a unos arbustos lejanos haciendo crujir las hojas lo que causó que el samurai se pusiera en guardia y se aproximase con cautela hacia el lugar de donde provenía aquel sospechoso sonido. Era la oportunidad que la joven necesitaba. Con redoblada energía retomó su escalada y al cabo de pocos minutos se encontraba, merced de una ventana abierta, en los aposentos del gran señor del castillo.

Confiaba en encontrarlo dormido e indefenso, quizá habría pasado las horas previas empapándose en sake o perdido entre el humo del opio. Los grandes señores eran propensos a todo tipo de vicios. Aquellas debilidades lo harían todo más fácil. Sin embargo encontró al joven señor cómodamente sentado en el suelo. Ante él había dos tazas de té y una frugal cena con servicio para dos personas. Hinomura no Kami Kenji, soberano del dominio de Yamamuro la estaba esperando.

– acércate, por favor. Hace frío fuera y el té está caliente. Te reconfortará- Kenji hablaba con una suave cadencia y su voz, aunque grave, tenía notas aterciopeladas. Su kimono interior, ricamente estampado con motivos florales apenas ocultaba los fibrosos contornos de su cuerpo, fruto de un riguroso entrenamiento. – Por un momento pensé que no vendrías y que la profecía no se cumpliría- dijo esbozando una sonrisa.

Dicha profecía era conocida por todos, nobles y campesinos, en los dominios del Daimyo. El joven señor encontraría el amor en aquella que intentase matarlo. Su asesina se convertiría en su esposa. La ninja abrió los ojos con sorpresa al darse cuenta de la coincidencia. Ella tampoco era ajena a aquellos cuentos supersticiosos. La habitación olía a sándalo y a flores frescas y él hablaba despacio, seguro de sí mismo, mirándola fijamente. ¡Qué tonta había sido! ¡Había caído en una trampa! Aquel demonio de bello rostro la había hechizado con algún tipo de magia infernal, nublando su mente. Ahora su determinación flaqueaba y un insoportable calor se extendía desde su vientre por todo su cuerpo.  

Con la respiración entrecortada desenvainó el ninjato y con manos temblorosas apuntó a los ojos de él. –esta noche morirás, Hinomura Kenji- dijo con poca convicción. – si ese es tu deseo, así será. –dijo Kenji al tiempo que se incorporaba. – si tu deseo es que viva, así será. Si tu deseo es compartir tus días conmigo, así será – la sonrisa no había abandonado sus labios. La chica comenzó a retroceder poco a poco. –no, yo, tengo, no…puedo…no…puede ser – La joven tartamudeaba abrumada por la situación y por una repentina revelación. La profecía del joven señor no era la única que conocía. Existía otra premonición, menos popular, que hablaba sobre la familia ninja de Hayako. Alguien de su linaje traicionaría al clan por amor. ¡No! Ella no sería quien traería la vergüenza a su casa. Si no podía cumplir su misión, si no podía matar a ese apuesto samurai que la miraba con dulzura y anhelo, entonces acabaría con su propia vida.

Cayó de rodillas y se llevó la punta de la espada a la garganta, preparada para segar su vida con un simple gesto. El ninjato salió despedido cuando Kenji la desarmó. Ahora estaban cerca, tan cerca que sus rostros se tocaban. Respiraban de forma agitada sin dejar de mirarse…y se besaron, cumpliendo así ambas profecías…y asesino y víctima se convirtieron en uno sólo.

domingo, 26 de junio de 2011

Regreso a casa I

El caballo se detuvo en la cima de la loma y allí al fondo del altiplano se encontraba la capital del imperio. El jinete suspiro y una ligera sonrisa de satisfacción ilumino su rostro, Por fin en casa.

Los atares del destino la habían llevado muy lejos de esa ciudad, de su antigua vida y esa larga huida había terminado con su retorno a casa.

Al ir acercándose a las murallas exteriores descubrió algunos cambios. Jaulas en las que se pudrían humanos. La justicia del Emperador había cambiado por lo que veía. Más guardia, más control.

Entrego su documentación en la entrada. El joven guardia entro atropelladamente a la garita. El jinete pudo escuchar:
    • Pero señor , ¿hay que detenerla?.
    • Mira hijo, si se llega a presentar hace un mes te hubiera dicho que si. Ahora, yo que se. Que avisen al magistrado Hernandez y que el decida. Yo me lavo las manos, por que si la detenemos y luego resulta que ha sido convocada a la corte podemos acabar en las jaulas. Pero si la dejamos marchar, la reconocen paseando por las calles y no hemos informado a Palacio de su llegada....
    • Podemos acabar en las jaulas. Contesto el guardia tragando saliva.
El guardia salio de la garita fue hasta el jinete y sin entregarle la documentación le informo.
    • Señora, hay un pequeño problema con su documentación. Por favor desmonte y entre en la oficina.
    • Por supuesto, dijo la dama con voz dulce y tranquila.

Dejo el caballo al cuidado de un joven soldado y entro en la pequeña habitación que hacia las veces de oficina de aduanas. Al cabo de diez minutos apareció un señor obeso, sudoroso con cara de haber corrido la maratón.

  • Señora, saludo el magistrado haciendo una enorme reverencia. Soy el magistrado Hernandez es un placer volver a veros por la capital.
  • Gracias señor, pero que le ocurre a mis papeles, porque se me retiene.
  • Vera Señora hasta hace un mes había una orden de destierro hacia su ilustre persona.
  • ¿Como? ¿Destierro?, pero que narices esta diciendo, me fui de viaje y cuando regreso tengo una orden de destierro.
  • No se enfade señora la orden de destierro estaba firmada por la oficina de la Emperatriz.
  • Y ¿desde cuando la Emperatriz hace política en vez de dedicarse a ver que traje se pone y como gasta mas y mas de las arcas publicas.?
  • Las cosas cambiaron mucho tras su partida. Contesto con inmensa pena. Pero ahora están mejorando. Señora, le voy a dar permiso para entrar en la ciudad, con la condición que una vez se haya instalado en su mansión, se presente ante el Ministro Alvarez.  El decidira que medidas se toman. Por que la otra opción es detenerla, llevarla al calabozo y de allí al tribunal de justicia. Y sinceramente Señora, una dama como usted, no se merece ese trato. También le informo que sera custodiada por una guardia hasta su casa y su entrevista, tanto por su seguridad, como para cubrir el expediente.
  • Me parece una decisión muy sensata señor magistrado.
  • Gracias, bienvenida a casa y espero que tenga suerte. La hemos echado mucho de menos.

miércoles, 22 de junio de 2011

Paciente 234

Llego a su despacho después de comer y miro cual era su siguiente paciente, soltó un bufido, la paciente 234. No necesitaba mirar su expediente, ese caso le traía por la calle de la amargura y ya era una cuestión personal.
 Expediente 234.
 Nombre: Sofia Alcántara Marquez
 Edad : 33 años
 Diagnosis: Esquizofrenia paranoide.

Era la paciente de esquizofrenia mas extraña que había conocido nunca, no oía voces, no era agresiva cuando le daban las crisis. No dejaba de pensar como una física que trabajaba en el CNI había llegado a volverse loca.

El sonido de la puerta le devolvió a la realidad. El celador traía el cuerpo pequeño de Sofia en una silla de ruedas. Ella sonrió al verlo.
           - Buenas tardes Sofia ¿Como estas hoy?
           - Bien Doctor Serrano.
           - ¿Hoy no has tenido visitas?
           - Siempre tengo visitas Doctor, contesto tranquila la paciente.
           - ¿Y hoy que te han contado?, pregunto el doctor, esperando otra larga charla sobre multiversos, otros planetas y otras vidas.
           - Que hoy sera el día, dijo ella.
           - ¿El día de que?
           - De la invasión.
           - Sofia sabes muy bien que eso no es real que es parte de tu mente la que te hace ver a esas personas y oír lo que oyes....

Un extraño brillo surgió en pleno despacho del psiquiatra, del vórtice salieron cinco militares que apuntaron al doctor con enormes armas extrañas.
Sofia sonrió mientras se levantaba, miro al doctor y le dijo.

    - Te lo dije mil veces y nunca me creíste.

Vidas ocultas


Se dirigía con cansado caminar hacia el paso de peatones. Ante él, media docena de personas somnolientas esperaban a que se cerrase el semáforo para poder cruzar. Reprimió un bostezo y miró fugazmente el reloj. Las manecillas marcaban las ocho menos cinco de la mañana.

Mierda de lunes – dijo entre dientes. Se disponía a cruzar cuando escuchó una voz familiar a su espalda. – Buenos días – dijo ella con aquellos bellos ojos color avellana ligeramente entornados por la falta de sueño. Él correspondió al saludo con una sonrisa y comenzaron a andar juntos en dirección a la oficina.

-¿Que tal ha ido tu fin de semana?- preguntó él casi de forma mecánica. –bueno, bien. Ha estado muy tranquilo. Me dediqué a descansar.- dijo ella con desgana. Nadie habría advertido un solo matiz de falsedad en aquella serena voz. Nadie habría reparado en la enorme fachada que creaban sus palabras ocultando una verdad sorprendente, increíble y extraordinaria.

Era una hechicera, probablemente la más dotada de su generación y el fin de semana “tranquilo” del que hablaba lo había invertido en un viaje relámpago al condado de Wiltshire, en Inglaterra…el lugar donde se encuentra “Stonehenge”. Los ancianos de la Orden hablaron de una brecha dimensional ocasionada por el influjo sobrenatural del conjunto megalítico que podía dar lugar a que “algo” viniese a nuestro mundo desde el otro lado.

No estuvo sola en esa misión pues varios miembros de la “Lucis Caelis” se unieron a ella en Madrid antes de volar hacia Reino Unido. Se trataba de dos agentes de apoyo y una chica perteneciente a esa clase de eficaces soldados conocidos, en el argot de la Orden, como “Gladius”.

Su llegada a Stonehenge fue muy apurada. Apenas los cuatro agentes desplegaron su equipo la atmósfera comenzó a cargarse de electricidad y el espacio entre las antiquísimas piedras empezó a combarse. Algo muy grande estaba intentando cruzar.

Los casquillos tintineaban en el suelo mientras las armas automáticas tableteaban sin descanso. – ¡Vamos, vamos! ¡Maldita sea, no dejéis que pase! – gritaba la Gladius con la voz ronca por el esfuerzo. – ¡Apuntad a su corazón!- voceaba con la misma ferocidad que disparaba. – ¿su corazón? ¿Dónde coño está su corazón? ¡Sólo veo sangre y visceras!- Preguntó uno de los agentes de apoyo sin dejar de disparar. – ¡Esa masa de entrañas en mitad del pecho!- dijo la Gladius al tiempo que, con gesto experto sacaba el cargador vacío e introducía uno nuevo. Mientras montaba el arma se volvió hacia la hechicera quien, varios pasos más atrás, murmuraba extrañas palabras y realizaba una compleja danza en el aire con sus manos.

-“Anima”, si no te das prisa con ese puto sello el Devorador de Almas nos va a joder pero bien. – La chica soldado gritaba e maldecía poseída por una rabia combativa incontrolable. La hechicera o Anima, como se les llamaba en la Orden a aquellos que se servían de la energía mística, era el contrapunto a la Gladius. Su semblante era tranquilo y sus movimientos elegantes y suaves. Sólo los largos bucles de su cabello castaño se agitaban con violencia por las corrientes mágicas que comenzaban a surgir de sus manos. La criatura casi había cruzado el portal llenando el lugar de un terrible hedor. De sus fauces descarnadas surgió un rugido que no era de este mundo y entonces la luz, inmaculada y cegadora, lo envolvió todo.

-¡Bueno, no está mal hacer cura de sueño vez en cuando, claro! – dijo el muchacho sin dejar de sonreír. Ella lo observaba casi ausente, jugueteando con un rizo rebelde de su pelo. – ¿y tú? ¿Has hecho algo interesante durante este fin de semana? – preguntó más por educación que por interés. Los sucesos de la jornada anterior aun ocupaban sus pensamientos.

-¿Yo, ¡que va! Me dediqué a leer varios libros que tenía atrasados – dijo el muchacho sin perder la sonrisa. Él tampoco fue honesto. Aunque le dolía el pecho al respirar se consideraba afortunado. La buena fortuna, unos reflejos casi inhumanos y su adiestramiento como Shinobi habían impedido que aquel maldito “aracnomorfo” le dejase sin cabeza. Pero esa historia no podía compartirla con ella. De hecho nadie ajeno a la “Lucis Caelis” debía saber que pertenecía a una Orden ancestral dedicada desde sus orígenes a combatir el mal.

Tal era el secretismo entre los miembros de la Orden que no era de extrañar que algunos agentes se relacionasen sin saber quienes eran en realidad. Así pues, los dos jóvenes, tan cercanos y a la vez tan lejanos llegaron a la oficina, listos para representar un papel hasta que el destino los volviese a llamar a filas.  

martes, 21 de junio de 2011

42

- ¿Crees?
- … ¿Qué?
- Que si crees.
- ¿En qué...? No sé... NO.
- Quizás sea hora de empezar a hacerlo...
 

La Voz flota a su alrededor. Le envuelve, llenándolo de calidez en el vacío infinito que se extiende en todas direcciones. ¿Cuánto tiempo lleva abandonado a la deriva, en la densa y fría negrura? No lo sabe. Tampoco le importa demasiado, mientras la Voz le acompañe. Así al menos no estará solo...

De repente, una luz, un destello apenas entrevisto... 

- Ve.
- ¿Cómo?
- Sólo hazlo...


Y lo hace. Poco a poco. 

Sorprendentemente, el esfuerzo resulta agotador, extenuante.

Pero lo hace.

La luz crece. Gana consistencia, tamaño e intensidad. Se acerca a ella. ¿O quizás la  está atrayendo hacia sí?

No lo sabe.

- ¿Eres tú?
- Sí... y no. Donde habito, el “yo” no existe tal y como lo conocéis. No te entretengas. Sigue - una nota de impaciencia vibra, por primera vez, en la hasta ahora inalterable Voz.


Duele, quema por dentro, pero sigue haciéndolo.

El remolino de formas y colores, desvaídos al principio, van adquiriendo solidez, como un recién nacido que, poco a poco, va ganando confianza en el arte del ser. Conforme crece, le llegan sonidos, olores, sabores...

Sabe que tiene que asomarse, penetrar en la luz. Ahí encontrará las respuestas... Pero, ¿respuestas a qué?, piensa.


- A todo - Responde La Voz con naturalidad.

A todo. Claro. Si consigue llegar, tendrá todas las respuestas. Lo entenderá.

TODO.

Incluso aquello que no sabe preguntar.

Debe acercarse. Entrar. Sumergirse en la luz.

- ¡Vamos! - le apremia La Voz - No te rindas ahora...


Duele. Algo se está desgarrando en su interior, a punto de quebrarse.


- ¡Sigue, ya casi estás!


Casi, sólo un poco más...

... Ya está...

...

Ya...

lunes, 13 de junio de 2011

El autobús de media noche


Llegó a la solitaria parada de autobuses y miró su reloj con poca convicción. Casi era media noche y había pocas probabilidades de que pasara ya algún autobús.
Trató de recordar horarios y recorridos para determinar si era posible que pasase el último coche de alguna línea de las que llegaban hasta su barrio porque de no ser así le esperaba una caminata de casi una hora.
¡Mierda!, si tan solo hubiese llegado un cuarto de hora antes – chasqueó la lengua y volvió a mirar la avenida con la esperanza de ver aparecer a lo lejos las luces gemelas  que lo llevarían a casa. La calle seguía desierta salvo por el paso ocasional de algún coche. Una densa niebla comenzó a levantarse con increíble rapidez y notó la humedad adherida a su piel y su ropa.

Buscó a tientas en el interior de su bolsillo con la esperanza de dar con el tacto áspero y rugoso de algún billete pero sus dedos sólo encontraron un par de monedas.
No creo que con dos euros pueda llegar muy lejos en taxi -  se dijo resignado y con un suspiró comenzó a andar. A su espalda y rompiendo el silencio nocturno atronó un viejo motor de gasolina.

Se giró como un resorte y miró fijamente al vehículo que comenzaba a aminorar su marcha para detenerse en la parada. Sí, no cabía duda de que se trataba de un autobús. El patrón verde y blanco de la pintura, el parpadeante luminoso de color azul y los inmensos ventanales así lo confirmaban pero juraría que la última vez que vio un modelo tan viejo y desvencijado fue de niño, y ya entonces eran muy escasos.

¡Qué raro, tiene las luces interiores apagadas! - Dijo al tiempo que observaba aquellos enormes cristales que no dejaban ver nada salvo oscuridad. La puerta se abrió ante él con un aparatoso chirrido y dejó al descubierto unos escalones altísimos. El muchacho se encogió de hombros y comenzó a subir trabajosamente.

Murmuró un débil “buenas noches” con la mirada perdida y puso los dos euros encima del mostrador metálico del conductor quien con gesto mecánico abrió el portamonedas y le tendió un ajado resguardo junto con varias monedas enmohecidas y de tamaño dispar.

Oiga, ¿creo que se ha equivocado con el cambio. Estas monedas…- se interrumpió a media frase cuando alzó la vista. – ¿Si? ¿Ocurre algo?- Respondió el conductor luciendo una radiante sonrisa en la que se veían dos enormes colmillos. Su rostro presentaba una palidez cadavérica y vestía de rigurosa etiqueta. Sus ojos, rojos como brasas parecían taladrar al enmudecido chico.

¡No!, nada…yo… – dijo el joven cogiendo el arrugado papel y las monedas al tiempo que comenzaba a andar hacia atrás por el estrecho pasillo del autobús sin dejar de mirar aquellos carbones encendidos. – Entre por propia voluntad, sin temor, y deje parte de la felicidad que trae consigo.- La voz del conductor, cargada de sorna, le llegaba lejana y amortiguada, como en un sueño.

Se topó con algo duro y sólido como un muro de hormigón y se giró con una disculpa en los labios. Un gigantón lo miraba desde sus más de dos metros de altura.
Retales…su cara está hecha de retales- se dijo el chico mientras que miraba hacia arriba aquel rostro surcado de cicatrices y costurones. Daba la sensación de que fuera un ser construido a partir de trozos de otros cuerpos.
La criatura sonrió conciliadora haciendo que se tensasen todos los puntos de sutura de sus mejillas y el chico pasó a su lado con los ojos desencajados. Por el rabillo del ojo advirtió a un tipo con orejas puntiagudas y un severo problema de hirsutismo que se rascaba con frenesí. ¡Malditas pulgas! ¡Me tienen frito!- le oyó decir al gigante de las cicatrices. Éste asintió comprensivo al tiempo que los tornillos de su cuello chirriaban.

Conteniendo la respiración el muchacho caminó hasta la zona de asientos por un estrecho pasillo. Era consciente de que había sentados numerosos viajeros pero no se atrevió a levantar la mirada. Finalmente encontró una fila vacía y se aovilló en el asiento más cercano a la ventana. Fuera comenzaba a llover copiosamente y la oscuridad de la noche era rasgada por multitud de relámpagos.

Como si de una bestia que despertase de su letargo se tratase, el viejo autobús tosió, tembló violentamente y reanudó su camino. Fue entonces cuando el chico se permitió ojear a sus compañeros de viaje. Delante suya, dos arrugadas ancianas con ajados sombreros y sendas escobas hacían del hecho de despotricar un verdadero arte. –como te decía, el ojo de tritón está por las nubes- decía la vieja que estaba más próxima a la ventana. Su compañera asentía al tiempo que hablaba con voz cascada y furiosa. – ¿y el aliento de dragón?, ¿eh? ¡Slurg, ese maldito duende de la tienda me va a oír!

Ambas se giraron hacia una joven vestida de blanco que estaba sentada un poco más adelante y comenzaron a recriminarla.- ¿tú no tendrías que estar en alguna solitaria curva haciendo autostop? Esta juventud no tiene respeto ni responsabilidad ¡mírala, ahí de fiesta, desatendiendo su trabajo!– Las viejas encadenaban una puya tras otra. – ¡señoras, váyanse a la mierda las dos y déjenme tranquila! ¿¡No les da vergüenza ocupar dos asientos pudiendo ir en escoba!? Respondió la chica visiblemente malhumorada.
-ay! Jovencita, como se nota que no estás en el mundo. Si supieras la de energía Teúrgica que gasta esto. ¡Qué! ¿Me la vas a pagar tú?- dijo una de las viejas dándole unas cariñosas palmaditas a su escoba.

El chico, oscilando entre el terror y el estupor se sobresaltó al ver a su lado a una niña cuyo negro y largo pelo le cubría la cara. Vestía un camisón manchado y empapado de agua y con dedos descarnados le ofreció una cinta de VHS sin ninguna etiqueta. El joven tomó la cinta con manos temblorosas. – yo que tú no vería esa cinta- dijo una voz a su espalda. Se giró despacio para ver al propietario de esa voz cavernosa. – ¿p-por qué?¿m-moriré en una semana? -Tartamudeó. En el asiento detrás del suyo estaba sentado un tipo enorme cuya cara cubría con una máscara de hockey. –¡no, que va! Es que es una actriz lamentable- dijo a la vez que señalaba la cinta. –Eso es un cortometraje que ha grabado con unos amigos suyos de Japón y sinceramente, da vergüenza ajena. Llámame antiguo pero es que yo, esto del arte moderno no lo entiendo. Gente contorsionándose en el suelo y tal…no sé, no lo veo. A mí me gustan más las historias con su inicio, nudo y desenlace. Eso sí, un desenlace donde al final, los adolescentes del camping mueran acuchillados, claro!-

-claro, claro, por supuesto- dijo el chico con calma mientras que rozaba el paroxismo del terror. –veré la cinta en casa, de verdad.- dijo a la muchacha mientras que esta volvía a su asiento musitando algo relacionado con los “duendes de la salmuera”.

Casi sin darse cuenta había llegado a su parada así que el joven se levantó con cautela y se dirigió a la zona de salida. El autobús aminoró su marcha y finalmente la puerta se abrió con su característico chirrido. Bajó con una mal disimulada prisa y una vez en el suelo comenzó a correr con todas sus fuerzas. El autobús se puso nuevamente en movimiento y se perdió entre la niebla al tiempo que una risa teatral de villano (algo así como MUAHAHAHAHA) cortaba la quietud nocturna. Llevaba recorridos escasos metros cuando cesó de correr, recuperó el resuello y miró hacia donde había estado el autobús. Se encogió de hombros y comenzó a caminar plácidamente. – bueno, pensándolo fríamente…tampoco hay tanta diferencia con un autobús normal, ¿no?- dijo al tiempo que esbozaba una sonrisa.